El aceite de oliva virgen extra ha dejado de ser solo un ingrediente de cocina para convertirse en un auténtico símbolo de salud, calidad y cultura mediterránea. En los últimos años, su valor ha crecido a nivel internacional y el consumidor busca cada vez más un producto con identidad y origen. En Bodegas Ontinium, lo vivimos de cerca: nuestro AOVE es la expresión más pura del paisaje valenciano.

La primera gran razón de este auge es la salud. Los estudios confirman que el consumo regular de aceite de oliva virgen extra ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares, a mejorar la función cerebral y a mantener un equilibrio saludable en la dieta. Pero más allá de sus beneficios nutricionales, el AOVE es un placer sensorial: su aroma verde, su textura y su sabor nos conectan con la naturaleza.

Otro aspecto clave es la autenticidad. Hoy, los consumidores buscan productos con historia, con trazabilidad, con una historia detrás. No basta con un aceite de oliva cualquiera: quieren saber quién lo produce, de dónde provienen las aceitunas y cómo se elabora. En nuestro caso, apostamos por variedades locales —Grossal, Blanqueta, Royal, Manzanilla o Arbequina— y una extracción en frío que conserva todos sus matices.

La sostenibilidad también juega un papel fundamental. Cada vez hay más conciencia sobre el impacto ambiental de los cultivos, y los olivares tradicionales valencianos se han convertido en ejemplos de equilibrio con el entorno. En Bodegas Ontinium, trabajamos con respeto por la tierra, utilizando métodos de cultivo sostenibles y manteniendo una producción responsable.

El consumidor actual busca calidad antes que cantidad. Prefiere un aceite que le aporte valor, aunque eso implique pagar un poco más. Este cambio de mentalidad ha permitido que el AOVE valenciano gane protagonismo, situándose al nivel de los mejores aceites del mundo. Por eso, nuestra gama de aceites —multivarietal, arbequina y ecológico— representa una apuesta segura por la excelencia.

Pero el verdadero secreto del éxito del AOVE radica en la emocionalidad. Cada botella lleva implícito un pedazo de historia: el esfuerzo del agricultor, la tradición familiar, el paisaje que la rodea. Cuando alguien abre una botella de nuestro aceite, no solo aliña una ensalada; se lleva consigo el alma de Ontinyent.

Por eso, más que vender aceite, en Bodegas Ontinium defendemos una forma de vivir. Apostamos por el consumo responsable, por la conexión con lo natural y por valorar lo que nuestra tierra nos da. Nuestro aceite no es solo un producto: es cultura líquida.